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«La literatura es el campo de batalla de las ideas»
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05.11.11 - GONTZAL DÍEZ

José María Pozuelo Yvancos Catedrático de la Universidad de Murcia y crítico. Ha dirigido el octavo tomo de la 'Historia de la Literatura Española', dedicado a 'Las ideas literarias (1214-2010)'

«La literatura es el campo de batalla de las ideas»

Un proyecto ambicioso y enciclopédico. La editorial Crítica ha publicado el octavo tomo de su 'Historia de la Literatura Española', cuya dirección ha correspondido al crítico literario y catedrático de la Facultad de Letras de la Universidad de Murcia José María Pozuelo Yvancos. 'Las ideas literarias (1214-2010)' es el título del volumen, en el que cinco especialistas bajo la dirección del profesor, y periodista vocacional, Pozuelo han analizado las opiniones que sobre literatura han mantenido los especialistas y escritores españoles durante ocho siglos. Una obra que combina síntesis y análisis y que apuesta por la pluralidad de miradas críticas. Un libro único dentro del panorama editorial y de investigación desarrollado en España en los últimos cien años, que ofrece al lector la posibilidad de asistir de manera unitaria a lo que ha sido la reflexión literaria española desde Alfonso X a los cibertextos. Pozuelo Yvancos se ha encargado además del pensamiento literario español del siglo XX. Fernando Gómez Redondo asume el análisis de la Edad Media, Gonzalo Pontón Gijón el de los siglos XVI y XVII, la profesora murciana Rosa María Adrada analiza el Siglo de las Luces, y Celia Fernández firma el estudio del XIX. Se siente «orgulloso» el profesor Pozuelo, «orgulloso porque un señor de Murcia ha dirigido el manual con el que todas las universidades de España estudiarán en los próximos veinte años».

-Ocho siglos nos contemplan en este volumen.

-Por eso he contado con un notable equipo de especialistas y la búsqueda de un estilo común. Cuando se habla de literatura también se habla del problema de España. Hasta principios del XX los textos clásicos no estaban editados, no existía una buena edición de 'El Buscón', y en 1901 San Juan de la Cruz ocupaba ocho líneas en el manual más empleado de la historia de la literatura. Eso hay que contarlo más allá de los datos, buscando los motivos; las razones, por ejemplo, por las cuales Azorín visita sistemáticamente a los clásicos para construir su visión de Castilla.

-¿Cuál es la línea que une a esos ensayos?

-Que la literatura ha sido un campo de batalla para debatir el eterno conflicto del lugar de España en Europa, ha existido una lucha constante por insertar a España en la modernidad. Garcilaso gana la batalla a los tradicionalistas, pero toda la poética que nace en torno Garcilaso importa el modelo italiano; los ilustrados fueron mal vistos e incluso expulsados del país…, la literatura nos muestra las dificultades de la modernidad española y, a la vez, se convirtió, con toda clase de controversias y conflictos, en uno de los arietes básicos para la construcción de esa modernidad. Una de las constantes históricas es que los escritores siempre han ido por delante de los teóricos. Cascales, por ejemplo, marcha muy por detrás de Lope o Cervantes; lo mismo ocurre en los años 60 con Gil de Biedma o Carlos Barrall, que van mucho más allá de los catedráticos con su decidida defensa de la poesía como entendimiento y no como comunicación.

-Ideas literarias es un concepto complejo.

-En ideas entra también la crítica y la reflexión literaria, tanto las realizadas por profesores como por creadores con estéticas confrontadas en muchas ocasiones. No se puede entender la literatura como una relación naif autor-lector porque cuando uno se adentra en un texto ya ha oído hablar de ese autor y ese autor ha aparecido o desaparecido por diversas circunstancias. Clarín, por ejemplo, no 'aparece' hasta 1958 como novelista gracias a Baquero Goyanes.

-¿Cuál es la aportación principal de este trabajo?

-Quería conectar con la última aportación a la historia de las ideas literarias, que realizó Marcelino Menéndez Pelayo porque esta propuesta no se había vuelto a realizar en España desde hace un siglo y en eso radica una de las novedades de este trabajo. Además no se trataba de hacer una historia de las 'teorías literarias' porque ese concepto restringía el campo a lo profesoral y dejaba al margen a creadores y ensayistas críticos como Azorín, María Zambrano, Salinas, Cernuda, Francisco Ayala, Juan Benet, José Ángel Valente o Gil de Biedma. No se puede elaborar una historia de las ideas sin las aportaciones de los escritores, tanto en este siglo como en el Siglo de Oro o en la Edad Media, desde Alfonso X a Cervantes o Lope. Y lo mismo ocurre en el XIX con Galdós, Clarín o Pardo Bazán, que son más importantes que los retóricos de la literatura.

-Se ha optado por el ensayo como propuesta de trabajo y no por realizar un manual universitario.

- Sí, no se trataba de abrumar al lector con cientos de notas a pie de página. Creo que Internet ha acabado con cierto tipo de manuales y no tiene ningún sentido entretenerse en bibliografías y referencias cuando existen catálogos múltiples al alcance de la mano en la Red. Lo que ofrece este trabajo es lo que Google no puede darte, contar la historia de un pensamiento que establece vínculos. Por ejemplo, en uno de los capítulos de los que me siento más satisfecho, 'Administrar la anomalía', hablo del pensamiento literario después de la Guerra Civil con la doble visión de los del exilio y de los que se quedaron en España y analizo los lazos que existían entre ambas miradas. En una Historia de la Literatura es necesario incluir a gentes decisivas como Max Aub, Ángel del Río o Américo Castro porque sin él no se entiende la obra de Juan Goytisolo.

-Destaca usted la importancia de Azorín, Menéndez Pidal y Ortega y Gasset.

-Menéndez Pidal es quien construye el nacionalismo castellano y es además el padre del Centro de Estudios Históricos que forma la gran tradición de estudios de filología. En la elaboración de esa tradición colabora Azorín como escritor. Ortega es el adalid de los modernos, una figura fundamental.

-¿Qué aporta el profesor murciano Gonzalo Sobejano a las 'ideas literarias'?

-Es el último eslabón de esa gran tradición del hispanismo con grandes libros como 'Nietzsche en España' y 'Forma literaria y sensibilidad social', y el pensador hispanista vivo de mayor relieve.

-¿Hacia dónde vamos literariamente?

-Estamos en un momento de tránsito hacia una época diferente. Con la imprenta nacieron los géneros de la modernidad, entre ellos la novela, Internet es un cambio de igual dimensiones que el que produjo la imprenta y el lector tendrá una nueva relación con la letra. La pantalla no matará a la letra y la literatura siempre se ha aliado con sus aparentes enemigos y siempre ha vencido. Solo pervive lo insustituible y no existe nada igual al acceso a la imaginación por vía de la palabra. La literatura producirá géneros distintos en este siglo, un gran hibridismo, rescatará algunos géneros acabados en términos de público como posiblemente ocurrirá a la poesía en relación con la imagen y se modificará el horizonte de la venta y otros agentes que creíamos sólidos de la literatura como las librerías, las enciclopedias, los libros de ensayo o las revistas científicas. Lo mismo le ocurrirá al periodismo que solo sobrevivirá si es capaz de convertirse en un suministrador de contendidos insustituibles para la Red, con explicaciones sólidas e interpretativas de la actualidad.

-¿Cuál es la función de la literatura en este tiempo, convulso tiempo?

-Una de funciones es que nos hace necesitar menos a psicólogos y psiquiatras. La literatura nos muestra el dolor y nos enseña a sufrir desde que Príamo, rey de Troya, cantó a la muerte de su hijo Héctor. Vemos con horror el cuerpo de Gadafi arrastrado por sus captores, pero eso ya nos lo había contado la literatura cuando Aquiles da vueltas y vueltas con el cuerpo de Héctor ante las murallas de Troya. La literatura nos ayuda a entender las experiencias del otro y a aceptar al otro. Es el gran campo de encuentro de las civilizaciones. Yo, por ejemplo, todo lo que conozco sobre la mentalidad rusa o japonesa lo he aprendido a través de las novelas. Hacemos un gran daño a la literatura si la defendemos únicamente como 'el lugar del lenguaje', existe el otro ámbito del reconocimiento, el viejo problema moral de Antígona: ¿seguir las leyes del Estado o seguir las leyes de mi tribu? Y el mismo dilema ente individuo-Estado aparece en Shakespeare, Tolstói, Chéjov, Kafka...

-Este principio de siglo, ¿ha dado alguna obra narrativa realmente notable en España?

-Sí. Las obras de Javier Marías, Enrique Vila Matas y Luis Mateo Díez son realmente notables. A ellos tres hay que sumar a Arturo Pérez-Reverte porque el último 'Alatriste' es un festín del lenguaje que le ha ido creciendo en las manos hasta el punto de que está influyendo en su otra obra. 'El asedio' y 'Un día de cólera', por ejemplo, no podrían haber sido escritas sin la existencia de Alatriste. La gran novela en español de este siglo es, sin duda, 'La fiesta del chivo', de Mario Vargas Llosa.

-¿Qué le emociona a usted como lector?

-Descubrir cosas de mí que yo no sabía y eso solo lo puede dar la literatura. No es el lector el que interroga a la literatura, es ella quien plantea las preguntas al lector. El buen libro te desasosiega, te hace visitar y recordar lugares que ya has visitado, te planeta problemas morales...

-¿La literatura es memoria?

-En parte. Es memoria incluso aquella que no se plantea como memoria. La literatura es memoria colectiva de la humanidad. Hasta la llegada de la imagen casi todo lo que del hombre sabemos lo conocemos por la literatura. ¿Qué sería de nosotros sin literatura, cómo interpretarían nuestro tiempo en el futuro sin literatura? Borges dirá sin duda más de nosotros que todos los archivos que nos pervivan. El pensamiento interior está en la literatura, no en los archivos y la imagen nunca sabrá llegar al discurso interior. La literatura no es otra cosa que un espejo de la sociedad y la vida.

-¿De qué se siente más satisfecho?

-Profesionalmente de encontrarme con alumnos y alumnas, hijos de alumnos y alumnas, y que me paren por la calle cuando ya he dejado de ser su profesor y noto que me quieren. Eso es emocionante. También me siento muy satisfecho de mi trabajo en el Club de Lectura de Mayores.

-¿Qué no tolera, que le indigna, que le irrita profundamente?

-Me indigna que la gente esté más preocupada por repetir discursos que por construir uno propio. Me irrita el miedo a discrepar, que el hermoso prefijo 'dis', de donde nace disentir, discutir, discurrir, discurso, no lo estemos cuidando y, en cambio, estemos apostando por una civilización que expulsa a nuestros jóvenes del mercado laboral y les dice, del modo más cruel, que no les necesita. Se está creando una casta de viejos que nos gobierna porque no hemos sabido dejar sitio a los que venían detrás.

-Una palabra, su palabra…

-Ultramarinos.

-Políticamente vivimos anclados en el siglo XIX, afirma usted.

-Es cierto. En España todavía no hemos construido la sociedad del siglo XXI y seguimos aferrados a un nacionalismo chico y caciquil. El Estado de las Autonomías ha reproducido los caciques decimonónicos. La estructura europea de las naciones se derrumba y eso se ve perfectamente en esas fotografías sonrientes de los líderes europeos que no saben qué hacer. Europa se espabila o acabará convirtiéndose en una colonia

-Volvemos al principio, en España sigue sin estar resuelto el problema de la modernidad.

-Hay que crear una nueva modernidad. Hubo dos grandes intentos, el primero con la II República y el segundo con la Transición donde nació la posibilidad de una derecha moderna aliada con una izquierda también moderna. Ahora tenemos una estructura política de castas caciquiles. Necesitamos un consenso de la inteligencia porque hemos dejado que el discurso político se llene de mediocres, no hemos sabido elegir. O despertamos ya o nos condenamos a vivir en la periferia de las decisiones.

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