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No hay jurado que se resista
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11.02.12 - JOSÉ BELMONTE SERRANO

El autor reúne veinte deliciosos y magistrales relatos, con los que ha logrado importantes galardones

No hay jurado que se resista

Con sus anteriores libros de relatos -'Desencuentros', de 2003, y 'El sueño de Tántalo', aparecido en 2008-, así como con la única novela publicada hasta la fecha, 'Ojos de fuego' (2009), donde, con un estilo desenfadado y una prosa ágil, pone en pie a su repelente y entrañable detective Gomes, Antonio Parra Sanz (Madrid, 1965) nos hizo partícipes de particular manera de narrar, de su modo de enfrentarse a la página en blanco para salvar, con toda brillantez, los muchos inconvenientes y serios escollos del género narrativo.

Así lo confirma la colección de relatos que ahora pone en nuestras manos, 'Polos opuestos', en donde se recoge una veintena de cuentos que llevan la vitola de haber ganado algunos de los más importantes premios y accésits nacionales, desde el Barcarola, de Albacete, al Martínez-Mena de Alhama.

Diferentes estilos, distintas temáticas, personajes muy diversos, pero con un fondo común: el inconfundible estilo de su autor, así como el consiguiente dominio de un género siempre en transformación, arisco y complejo, en el que el genio le gana la partida, casi siempre, a la pura inteligencia. La experiencia de la creación, es decir, el ámbito, siempre tentador y misterioso, de la metaficción, ocupa un lugar destacado en estas páginas.

En 'No hay jurado que se resista', por ejemplo, Antonio Parra saca del anonimato a un humilde jefe de estación que, en su rincón provinciano, perfila historias mientras espera la llegada de los trenes. Un cuento, sin embargo, con truco, como todos los buenos cuentos, con sorpresa, y en el que no falta uno de los elementos que mejor definen el estilo de su autor: la fina ironía, el humor casi solanesco y el deseo de ofrecer al lector un producto de carácter lúdico en el que existe la oportunidad de participar con la imaginación.

Y es que la literatura siempre llama a la literatura. Una deliciosa contaminación que se aprecia en relatos como 'Queridísima Duquesa', en el que la «dolorida y temerosa» mujer de Sancho, Teresa Panza, a pesar de ser «hija del destripaterrones de mi padre», dirige a la noble dama una carta con la que pretende obtener noticias de su señor marido. Y es que en el horizonte se perfila la sombra de un vecino llamado Íñigo de Urdemalas, que, haciendo gala de su apellido, trata de aprovecharse de la ausencia del escudero más famoso de todos los tiempos. Magníficos y suculentos relatos, como 'Ecuaciones del corazón', 'Palabra de honor', que lleva implícita una fina crítica al mundo editorial y a las mentiras de la escritura, o el titulado 'Café solo', una joya de apenas 4 páginas.

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