Fundación Séneca

Último vídeo de VIVIR

Portada Libros ¡Que se ponga!
Libros
¡Que se ponga!
( 1 Voto )
07.01.12 - JOSÉ BELMONTE

La voz de Miguel Gila emerge desde el pasado, más sabia y pura que nunca, para divertir a todos los lectores

¡Que se ponga!

Aunque un servidor echa en falta un estudio preliminar, siquiera breve, leve e inofensivo, en el que un experto en la materia pusiera en limpio la importancia capital de este personaje en la historia social y cultural de nuestro país durante el último medio siglo, lo cierto es que el texto de Miguel Gila (Madrid, 1913-Barcelona, 2001) que se recoge en este bien editado volumen nos hace olvidar por completo tal circunstancia. Se trata de un discurso repleto de humor, propio de la casa, de este entrañable personaje al que pudimos ver y disfrutar en la televisión en blanco y negro, cuando el corazón aún era una palabra repleta de poesía y no una repugnante víscera, como en estos tiempos oscuros de norias y tomates de luxe.

En el escueto texto de la contraportada se nos recuerda que Gila, además de humorista y colaborador de 'La Codorniz', intervino en más de una treintena de películas, al margen de su éxito, asimismo, en el teatro y en la radio.

Ahora que tan de moda están los monólogos supuestamente humorísticos; ahora que cualquier zangolotino del tres al cuarto es capaz de improvisar un discurso repleto de ordinarieces, escaso de imaginación e inteligencia, la voz de Miguel Gila, que emerge desde las brumas del pasado, resplandece de manera prodigiosa, con sus ocurrencias mitad ingenuas, mitad kafkianas, casi surrealistas. Así, por ejemplo, cuando coge el teléfono y marca un número, al tiempo que se oyen disparos y estruendo de bombas, tapa de inmediato el auricular para indicarles a los que hay a su alrededor: «¿Queréis parar la guerra un momento, que estoy hablando con mi mujer? Hay que ver cómo son estos soldados…».

Sarcástico a más no poder, en la línea de la España negra de Gutiérrez-Solana. Escribe Gila: «Nosotros vivíamos en una planta baja y todas las mañanas sacábamos al abuelo Julián […] y lo sentábamos al sol. Si empezaba a llover, decía mi madre: 'Meted al abuelo dentro, que está lloviendo', y le metíamos dentro, y cuando volvía a salir el sol, mi madre decía: 'Sacad al abuelo, para que se seque', y le sacábamos».

Crítica, y de la fina, cuando nos relata la nueva modalidad de viajes: 19 países en once días, con lo que «siempre salía la típica señora que protestaba: 'Oiga, que me hago pipí', y el guía le contestaba: 'En Holanda, señora, en Holanda entra usted al váter'. Así que la señora se bajó las bragas en Bélgica y llegó justito». Diez años después de su muerte, Gila merecía ser recordado, no con tristeza, sino con una sonrisa sabia y agradecida. ¡Que se ponga!

laverdad.es