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Las máscaras de Vila-Matas
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17.04.10 - MANUEL MOYANO

El novelista catalán logra que el estilo no se interponga entre el autor y el lector

Las máscaras de Vila-Matas

Aunque publicó su primer libro en 1973 ('Mujer en el espejo contemplando el paisaje'), Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) ha necesitado un cuarto de siglo para dar con la fórmula que lo ha colmado de premios y que ha terminado por ganarle el favor (y el fervor) de un muy considerable número de lectores. No deja de resultar paradójico, ya que Vila-Matas practica una literatura del yo, a medio camino entre la ficción y la no-ficción, que aparece salpicada de referencias culturalistas y en la que apenas existen tramas argumentales. Es decir, nada más alejado de lo que, en teoría, persigue el lector medio de nuestros días.

'Dublinesca', que toma su título de un poema de Philip Larkin, ha sido presentada por Seix Barral (su nueva editorial, tras décadas bajo el paraguas de Anagrama) como el regreso de Vila-Matas a la novela. Esto es cierto, aunque sólo a medias. El protagonista de 'Dublinesca' se llama Samuel Riba y es editor, pero estos ligeros afeites no alcanzan a enmascarar (ni tampoco lo pretenden) al autor de 'París no se acaba nunca' o 'Dietario voluble'. Ahí está Vila-Matas, con sus opiniones sobre la literatura, sobre el arte y sobre la vida, así como su temor a convertirse en un autista -un 'hikikomori'- tras su renuncia al alcohol, temor que el propio autor no ha dejado de expresar en diversas entrevistas.

La trama es mínima: Samuel Riba, un editor otoñal que ama la literatura y que se resiste a publicar «historias góticas de moda y demás zarandajas», decide viajar a Dublín en compañía de un grupo de amigos con intención de asistir al célebre 'Bloomsday'. Esto es apenas el pretexto del que se sirve Vila-Matas (un auténtico mitómano) para escribir uno de sus dietarios salpicados de citas y de menciones a los escritores, músicos y directores de cine que más le interesan. La lista, inagotable, incluye a Auster, Céline, Artaud, Perec, Cortázar, Borges, Julian Barnes, Sterne, Handke, Bob Dylan, Tom Waits, Brassens, Cronenberg y John Ford. Joyce domina, por supuesto, sobre todo el conjunto.

Armonía

La habilidad de Vila-Matas reside en integrar todos estos elementos de forma que el resultado sea armónico y no linde con la pedantería. Su modo de escribir podría parecer fácil, pero sólo en la madurez se alcanza un estilo así: un estilo que no se interpone entre el autor y el lector. Tras cerrar 'Dublinesca', tenemos la sensación de habernos deslizado suavemente por una pista de hielo. Los lectores habituales de Vila-Matas disfrutarán de este nuevo libro como han venido haciéndolo con sus últimos títulos. Quienes no lo hayan leído, tienen ahora una buena oportunidad para descubrirlo.


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