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| La pura realidad del golpe |
| LA VERDAD | Sábado, 20 de Junio de 2009 | |||
![]() En el libro de Javier Cercas nos topamos constantemente con simetrías y paradojas que se remontan -a la vez y en dos direcciones- al origen y el alcance de la obra: es, junto a pocos (aquí señalaría Un día de cólera, de Arturo Pérez-Reverte), uno de los artefactos literarios recientes más logrados en términos absolutos del panorama narrativo español, y nace tras el fracasado proyecto de escribir una novela funcional del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Desde el comienzo, Cercas clarifica que Anatomía de un instante no es una ficción, ni un ensayo histórico. Según confiesa, la asonada militar y la toma del Congreso de los Diputados en el día de la segunda vuelta de la votación presidencial de Leopoldo Calvo Sotelo le reclamaban una novela. Con humildad y soberbia a un tiempo, renunció a tratar de enriquecer por la vía de la invención la realidad del golpe y pasó a contar lo que sabía para desentrañar los sentidos de un instante atónito (como lo tildaría el faulkneriano Juan Benet): ese gesto concentrado de significado inaprensible de un dimitido y saliente Adolfo Suárez que se mantuvo sentado en su escaño mientras a su alrededor silbaban los proyectiles de los asaltantes. Un gesto polisémico, más otros dos colaterales, pues, además de Suárez, sólo el vicepresidente Manuel Gutiérrez Mellado y el líder del ya legalizado PCE, Santiago Carrillo, no se refugiaron del zumbido de las balas bajo sus asientos. Ese gesto individual de heroísmo, de gracia, de autoridad, de rebeldía, de desquite, de derrota, de victoria, de personificación de la democracia y de otros interpretables, es el arranque y la meta -en medio, un imbricado e híperdocumentado itinerario circular- de la crónica escrita más aproximada del golpe: desde la placenta en la que se gestó a su final frustrado. Así, el autor de Soldados de Salamina hace lo más difícil. Su planteamiento: «Nada de lo que yo pudiera imaginar sobre el 23 de febrero me atañía y me exaltaba tanto y podría resultar más complejo y persuasivo que la pura realidad del 23 de febrero». Su consecución, ser ya un título ineludible, un clásico instantáneo, sobre el momento más comprometido de la democracia en España. GUILLERMO GARCÍA VALERA
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