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| «El cuarteto es una forma de democracia liberado de la batuta» |
| 24.12.11 - CARLOS ESCOBAR | |||
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Cuarteto Saravasti Artesanos del equilibrio
Enrique Vidal, Gabriel Lauret, Diego Sanz y Pedro Sanzo. :: MARTÍNEZ BUESO El próximo lunes los amantes de la buena música estamos de enhorabuena. En el auditorio de nuestra ciudad tenemos una cita con el tradicional y entrañable Concierto Extraordinario de Navidad del Cuarteto Saravasti. Sin duda, una oportunidad para disfrutar y compartir música con familiares, amigos y demás seres queridos. En esta formación murciana, constituida hace dieciséis años por Gabriel Lauret, Diego Sanz, Pedro Sanz y Enrique Vidal, «cada intérprete está liberado del criterio de una batuta pero vinculado al consenso del grupo. Nuestro cuarteto es una forma de democracia donde todo se decide en conjunto, desde los efectos técnicos empleados hasta el tempo, repertorio y vestuario». En Saravasti también hay armonía cuando no están interpretando música: «Nuestro tiempo libre se reparte entre la dedicación a la familia y la práctica de deportes». El estilo musical de Saravasti combina aspectos de la escuela americana, muy cuidadosa con la técnica, y de la escuela europea, más expresiva: «Esto es consecuencia de que trabajamos con músicos de ambas escuelas. Pero lo fundamental en todo momento es la escucha atenta y la adaptación a la situación. Nuestra propuesta se basa en estar conjuntados y en ser muy honestos como músicos». Diego, Enrique, Gabriel y Pedro son amigos desde la infancia: «Nos conocemos desde el ingreso en la Orquesta de Jóvenes de la Región de Murcia, donde crecimos como músicos y amigos». Cada uno de ellos es esencial, al igual que los cuatro brazos de la diosa hindú de las artes y la sabiduría que da nombre a este cuarteto: «Quique, el violonchelista, es el más tranquilo, nos aporta equilibrio y elige el lugar donde se cena después del concierto. Gabi, el violín primero, destaca por su concepción musical y amplia formación cultural. El segundo violín, Diego, es el planificador turístico en los viajes y Pedro, el violista, es el 'crack' en relaciones sociales». Este prestigioso cuarteto ha ofrecido su repertorio en Nueva York, Tokio y Museo del Prado de Madrid, entre otros lugares. Recientemente, como primicia mundial, ha editado un disco compacto con música del compositor murciano Mario Medina. En cuanto a los planes de futuro «para seguir progresando es fundamental la estabilidad como cuarteto. Lo ideal sería tener una dedicación completa para la preparación de conciertos e interpretar las obras con continuidad». Tiene Saravasti su referencia en el Cuarteto de Moscú y en el Cuarteto de Tokio: «En especial con esta última formación musical mantenemos una estrecha y continuada relación que nos permite trabajar distintos repertorios". En la música de cámara toda obra supone un desafío, "el propio quinteto de Schubert y los últimos cuartetos de Beethoven requieren una preparación de meses». Hay aspectos musicales que no están reflejados en la partitura e «incluso las indicaciones establecidas por los compositores admiten distintas interpretaciones. Es fundamental sentir, comprender e interiorizar el carácter de la música para poder transmitirla con naturalidad». En la música de cámara hay que cuidar «la afinación, aspecto estructural que logramos a partir del violonchelo. Siempre confiamos en Quique. Para la sincronización, empleamos gestos, respiraciones y miradas que antes planificábamos pero que con el paso de los años se han hecho automáticos». Para estos intérpretes merece la pena ser músico sólo por interpretar el programa de pasado mañana: «El Cuarteto de Beethoven es impresionante desde el comienzo, con la exposición del motivo principal seguido de una pausa, que se repite antes de la delicada respuesta del primer violín». En el adagio, inspirado en los últimos suspiros de Romeo y Julieta, «la melodía del violín primero y el acompañamiento crean una música celestial». La obra se completa con un scherzo lleno de cromatismo y un allegro espiritual con abundantes fugas. En el Quinteto de cuerdas en Do mayor de Schubert, colabora el violonchelista Lorenzo Meseguer: «El segundo violonchelo tiene una importancia transcendental porque es el pilar armónico y rítmico de la obra. Esto permite al primer chelo salir de su registro habitual y tener un protagonismo más destacado y participativo». En esta obra destaca «el tema lírico del primer tiempo, una de las grandes melodías de toda la historia de la música, que tocan los dos chelos y luego los dos violones». El adagio es un movimiento muy logrado donde la nostalgia es infinita «a partir del compás 29, la melodía en el primer chelo y el primer violín crean un clima trágico lleno de esperanza». La obra se completa con un trío, uno de los movimientos mejor compuestos por Schubert, y con un bello allegretto. Este concierto «es muy especial para nosotros. La sala de cámara del Auditorio tiene una acústica fantástica. En la música en directo cada momento es único. Lo que transmiten los músicos proporciona una emotividad y dramatismo que no se aprecian en una grabación». No descuiden disfrutar y compartir buena música esta Navidad.
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